La leyenda del zapatero y el rey en Sevilla

La leyenda del zapatero y el rey en Sevilla

La leyenda del zapatero y el rey en Sevilla comienza durante la primera parte de la conquista, desde Asturias a Sevilla.

Los reyes siempre tuvieron en su poder la necesidad de conceder extraordinarios privilegios a los grandes señores, y a la Iglesia, porque ellos eran quienes podían disponer de más fuerzas militares y espirituales.

Esta leyenda sucedió cuando el rey Pedro I de Castilla se encontraba en el trono. Don Pedro siempre procuró que durante su reinado ir suprimiendo estos privilegios y recortando autoridades particulares, para fortalecer el poder real. Él se apoyó en las clases populares, en los gremios y municipios, enfrentándolos al feudalismo señorial o eclesiástico.

Pedro I juzgo un caso muy peculiar donde se hizo aún más querido por el pueblo sevillano, el caso entre un zapatero y un clérigo. Resultó que un clérigo había encargado unos zapatos al taller de un zapatero, este clérigo una vez recibió sus zapatos fue demorando el pago del mismo.

Cuando había pasado ya tanto tiempo de la venta de los zapatos, el zapatero acudió a la puerta de la catedral, para que el clérigo saliese del coro y hacerle recordar que aún tenía pendiente el pago de esos zapatos. Pues al clérigo no le debió hacer mucha gracia que encima de no pagarle, le llamó importuno, deslenguado, atrevido…y le dio una tunda de palos que le rompió incluso las costillas.

El zapatero tras esta paliza pasó tres meses en la cama, y cuando estuvo de nuevo recuperado acudió al tribunal a interponer una querella, pero..

¿Qué ocurrió?

Pues que al ser el clérigo un eclesiástico solo le condenaron a no sentarse durante un año en el coro.

El zapatero no se conformó con esta pena, aún le debía el pago de los zapatos y encima había recibido una paliza. Así que, el zapatero se tomó la justicia por su mano y hizo lo mismo con el clérigo le dio una tunda de palos que lo envió a la cama del hospital.

Inmediatamente la tomaron con el zapatero y lo querían condenar a la Horca de Buenavista, que se encontraba situada en el campo de Tablada. Pero el día que iban a ahorcar al zapatero, su mujer se presentó en el Alcázar y se echó de rodillas ante Pedro I y le explicó lo de su marido.

Pedro I mandó a que trajeran al Alcázar al zapatero y que compareciera el clérigo y todo el tribunal. Pedro I realizó una serie de preguntas a uno como a otro, y se dio cuenta la injusta condena que se iba a hacer contra el zapatero que lo dejó ir en libertad con la condición de no sentarse en la banqueta de su taller.

La leyenda del zapatero y el rey en Sevilla, hace ver que el rey Pedro I de Castilla no era tan cruel como cuentan.

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